30 abr. 2011

Hybris


La religión griega ignoraba el concepto de pecado tal como lo concibe el cristianismo, lo que no es óbice para que la hybris parezca la principal falta en esta civilización. Se relaciona con el concepto de moira, que en griego significa ‘destino’, ‘parte’, ‘lote’ y ‘porción’ simultáneamente. El destino es el lote, la parte de felicidad o desgracia, de fortuna o desgracia, de vida o muerte, que corresponde a cada uno en función de su posición social y de su relación con los dioses y los hombres. Ahora bien, el hombre que comete hybris es culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino nos asigna. El castigo a la hybris es la némesis, el castigo de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los límites que cruzó.
Dijo Heródoto:
Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía.
La concepción de la hybris como falta determina la moral griega como una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad, obedeciendo al proverbio pan metron, que significa literalmente ‘la medida en todas las cosas’, o mejor aún ‘nunca demasiado’ o ‘siempre bastante’. El hombre debe seguir siendo consciente de su lugar en el universo, es decir, a la vez de su posición social en una sociedad jerarquizada y de su mortalidad ante los inmortales dioses.

Heracles


Según nos cuenta Pausanias, fue el último héroe que Zeus engendró en una mujer mortal, Alcmena, la hija de Electrión, a la que encontrándose ella en Tebas, engañó presentándosele con la figura corporal de Anfitrión.
Alcmena, establecida en Tebas con Anfitrión, no había consentido consumar su matrimonio con Anfitrión hasta que éste ejecutara la campaña de castigo contra los Teléboas que Electrión no había podido llevar a cabo. También Anfitrión,  había partido hacia Tafos y, gracias a la traición de Cometo, había conseguido una total victoria contra Pterelao y los Teléboas. Emprende así Anfitrión su triunfal regreso a Tebas, pero es cuando está cerca de la ciudad, cuando Zeus, enamorado de Alcmena, se presenta a ella haciéndose pasar por Anfitrión, le cuenta que ha cumplido victoriosamente la misión de castigo contra los teléboas que ella le había exigido (pues estos eran los asesinos de los hermanos de Alcmena), y logra así que Alcmena le reciba en su lecho, creyendo que es Anfitrión y consintiendo por fin en la consumación del matrimonio.
El entusiasmo de Zeus por Alcmena es tan grande, que triplica la duración de esa noche, haciendo que el sol salga con veinticuatro horas de retraso sobre lo que habría sido su orto ordinario.  Apolodoro nos dice: “ese hijo para cuyo nacimiento el cielo consumió un día y el sol salió con retraso en el mar oriental por habérsele ordenado que retuviera su luminaria sumergida en el Océano”.
Terminada la larga noche, Zeus, sin descubrir a Alcmena su verdadera identidad, le regala una copa que dice haber recibido de sus soldados como trofeo de victoria; tras de lo cual, se marcha, siempre sin dejar a Alcmena el menor indicio o sospecha que no sea el verdadero Anfitrión. Poco después llega el verdadero Anfitrión y le parece que Alcmena lo acoge con cierta frialdad; es más, al referirle los pormenores de la campaña, Alcmena le dice que ya se lo ha contado la noche anterior, lo que alarma a Anfitrión, que llama a Tiresias para que le ilustre sobre lo que le haya podido suceder.
Así pues, Heracles nace en Tebas. Heracles recibió  este nombre en un intento fallido por aplacar a Hera, ya que su existencia era fruto de uno de tantos deslices que Zeus tenía. Unos pocos meses después de su nacimiento, Hera envió dos serpientes a matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente con cada mano y fue hallado por su niñera jugando con sus cuerpos exangües como si fueran unos insignificantes juguetes.
En Tebas creció y recibió una educación: Anfitrión le enseña a conducir carros, Autólico, hijo de Hermes, a luchar con los brazos y cuerpo, Éurito, rey de Ecalia, a disparar el arco, Cástor a luchar con las armas, Lino a tocar la cítara y cantar a sus acordes. Aunque a este último, Lino, hermano de Orfeo, lo mata Hércules golpeándole con la lira irritado porque este le había golpeado a su vez. Y por este homicidio fue juzgado, pero se defendió Hércules alegando una ley de Radamantis que proclamaba inocente a quien repeliese una agresión injusta, y fue absuelto. Pero Anfitrión, temiendo que Hércules repitiese tal actuación, lo envía a cuidar del ganado vacuno en los pastizales. Allí es donde Hércules se hace adulto alcanzando enorme estatura y fuerza.
Un día, cuando regresaba de su cacería se encontró con los emisarios del rey minio Ergino de Orcómeno, que había derrotado años atrás a los tebanos y les había impuesto un pesado tributo que debían pagar cada año. Heracles los atacó, les cortó la nariz y las orejas y las ató a sus cuellos, enviándolos de regreso con el mensaje de que ése era todo el tributo que iba a recibir. El rey tebano Creonte le recompensó dándole en matrimonio a su hija, la princesa Mégara, cuya hermana menor, Pirra, se casó con Ificles, hermano del héroe. Heracles tuvo con Mégara varios hijos.
En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Al despertar y descubrir los terribles actos que había cometido, sintió un terrible dolor, y no quiso continuar viviendo con Mégara (otras versiones dicen que también Mégara fue asesinada junto con sus hijos por la locura que le provocó Hera). En penitencia por esta execrable acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba. Heracles llevó a cabo todos ellos con éxito, pero Hera le dijo a Euristeo que estimase que en dos de los trabajos había fallado, pues había recibido ayuda, por lo que ordenó dos más, que Heracles también completó, haciendo un total de doce.
El orden tradicional de los trabajos es:
1. Matar al león de Nemea.
2. Matar a la hidra del lago de Lerna.
3. Alcanzar a la cierva de Cerinia.
4. Capturar al jabalí de Erimanto.
5. Limpiar los establos de Augías.
6. Acabar con los pájaros del lago Estínfalo.
7. Domar al toro salvaje de Creta.
8. Robar las yeguas del rey Diomedes de Tracia.
9. Vencer a las amazonas y tomar el cinturón de Hipólita.
10. Matar a Gerión y robarle sus rebaños.
11. Robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.
12. Ir a buscar a Cerbero, a los infiernos, y llevarlo a Euristeo.
Otra de sus proezas tuvo lugar mientras caminaba por las tierras salvajes, Heracles fue atacado por los dríopes. Mató a su rey, Tiodamante, y los demás se rindieron y le ofrecieron al príncipe Hilas. Heracles tomó al joven como escudero y amante. Años después, Heracles e Hilas se unieron a la tripulación del Argo. Como argonautas sólo participaron en parte del viaje. En Misia, Hilas fue secuestrado por una ninfa. Heracles, con el corazón roto, le buscó durante mucho tiempo pero Hilas se había enamorado de las ninfas y nunca volvió a ser visto. El barco partió sin ellos
En su Eróticos, Plutarco afirma que los amantes masculinos de Heracles fueron tan numerosos que no era posible contarlos. Algunos de ellos fueron: Abdero (Encargado de las yeguas carnívoras del tracio Diomedes, que terminarían matándole. Heracles fundó la ciudad de Abdera en su honor, donde era homenajeado con juegos.), Admeto (Participó en la caza del jabalí de Calidón y también fue amante de Apolo, según Plutarco y Calímaco.), Yolao (Tebano, sobrino de Heracles, a quien ayudó en diversas ocasiones. Plutarco cuenta que en su época las parejas masculinas bajaban a su tumba en Tebas para prestar juramento de fidelidad a él y entre ellos.), etc…
Heracles murió voluntariamente, pidiendo que se le construyera una pira para acabar con su agonía. Tras su muerte en esta pira los dioses le hicieron inmortal, o alternativamente el fuego quemó la parte mortal del semidiós, quedando sólo la parte divina, se reconcilió con Hera y se casó con Hebe, una hija de ésta.
Nadie sino el amigo de Heracles Filoctetes (en algunas versiones Yolao o Poeas) podía prender su pila funeraria, y por esta acción recibió su arco y sus flechas, que más tarde necesitaron los griegos para derrotar a Troya.



Lamento de Odiseo



Hay pasajes que tras leerlos no logran llamar tu atención, pero hay otros en cambio, que consiguen marcarte.
Alrededor del s.VIII a.C, un tal Homero, del que casi nada se sabe hoy, escribió esto, el viaje de Odiseo al Hades en busca de respuestas, pero allí se encontró a su madre, la cual seguía viva antes de partir hacia Troya 20 años antes.
Madre mia, preciso me fue descender hasta el Hades a tratar con el alma del cadmio Tiresias: de cierto que a las costas de Acaya no más me acerqué ni he pisado nuera tierra de nuevo, alejado en dolor desde el día que escolté a Agamenon, el divino, con rumbo hacia Troya, la de los buenos caballos, dispuesto a luchar con los teucros. Pero ahora pon mente a mi ruego y explica esto otro: ¿ qué destino te vino a abatir en la muerte penosa? ¿ Una larga dolencia? ¿ O bien la saetera Artemisa te mató disparando sus flechas suaves? Mas dime de mi padre y el hijo que allí dejé: ¿ por ventura en mi puesto de honor se mantiene aún o ha pasado a algún otro de allá sin que nadie ya piense en mi vuelta? De mi esposa refiere también: ¿ que proyecta, que hace? ¿Sigue al lado del niño guardándolo todo fielmente o casó con algún hombre aqueo mejor que los otros?
Dije así y al momento repuso la reina, mi madre:
Bien de cierto que allí se conserva con alma paciente sin salir de casa: entre duelos se pasan sus noches y entre duelos sus días, con lágrimas siempre. Ninguno te ha quitado hasta ahora tu reino glorioso: tranquilo las haciendas gobierna Telémaco y tiene su parte en los buenos banquetes cual cumple a quien falla justicias, pues se ve agasajado por todos. Tu padre, entretanto, en el campo se está, nunca baja al poblado. Sus lechos no son catres ni mantas ni colchas de telas brillantes: en invierno su cama es la misma en que duermen los siervos, la ceniza al amor del ogar con sus pobres vestidos; mas, llegada la buena estación y la rica otoñada, cuando, al halda del monte en que tiene el viñedo, las hojas al caer van formando por sus rústicos lechos, allá vase a dormir con su pena. Su angustia se acrece añorándote a ti, pues la dura vejez se le acerca.
Esta ha sido mi muerte también, tal cumplí mi destino: no acabó mi existencia en palacio la gran flechadora, la de tiro infalible, lanzando sus blandas saetas, ni cayó sobre mí enfermedad como aquellas que suelen, en fatal consunción, arrancar de los miembros el alma; no, mi Ulises, mi luz, fue mi pena por ti, fue el recuerdo, fue tu misma bondad quien dio muerte a mi gozo y mi vida”

Píndaro


Tenemos pocas noticias fiables sobre su biografía, a pesar de las seis Vidas que nos han legado autores antiguos. Sabemos que nació en CinocéfalosBeocia, hacia el518 a.C. y que, según la tradición, pertenecía a una familia aristocrática. De hecho,en la Vª Pítica él mismo parece afirmar que procede del linaje de los egeidas, por lo que a menudo manifestará en sus obras una especial simpatía por las instituciones dorias.
Pasa su infancia y primera juventud en Tebas y en Atenas, donde fue discípulo deAgatocles. Muy joven aún, participa en un certamen de poesía en el que es vencido por la poetisa Corina de Tanagra. Fue ella, y en esta ocasión, quien le aconsejó “sembrar a manos llenas, no a sacos llenos“. La primera oda pindárica es la Xª Pítica y fue compuesta cuando el autor apenas contaba veinte años. Pronto se convierte en un renombrado poeta. Como tal, recorre las principales cortes aristocráticas de Grecia: CireneSiracusa,…
Ante la invasión de los persas, adoptó una actitud de transigencia con el enemigo que era la interesada política de su patria tebana. En esta cuestión, Píndaro chocó con otro importante poeta, Baquílides, que había adoptado un punto de vistapanhelénico y propugnaba la resistencia enconada ante los persas, que ve como una amenaza sobre el conjunto de toda la Hélade. Píndaro muere en Argos en 438 a.C..

Baquílides


No se conoce mucho sobre la vida de Baquílides. Era sobrino y discípulo del poetaSimónides de Ceos, a quien siguió a la corte de Hierón I de Siracusa. Viajó después por Tesalia y Macedonia. Además de epinicios, compuso himnos a los dioses y soberanos, como Alejandro I de Macedonia, hijo de Amintas I. Pasó largo tiempo enAtenas, donde participó en numerosos concursos. Tal vez retornó a Ceos, donde cantó al atleta Lacón en las odas sexta y séptima. Según ciertos autores, se exilió refugiándose en Esparta, si no marra su interpretación de la oda novena y delditirambo Idas en que se funda esta conjetura.
No pertenecía al clan de las doscientas familias y, como Píndaro, se dedicaba a elaborar epinicios, una especie de odas triunfales destinadas a cantar las victorias de los atletas y aurigas en los juegos Olímpicos. Una vez le arrebató un encargo al famoso Píndaro de manos nada menos que de Hierón de Siracusa, lo que el poeta, adversario suyo y de su tío Simónides, no le perdonó jamás.

Simónides de Ceos


Aunque jonio, fue llamado a Atenas hacia el año 526 adC por la corte del tiranoHiparco; luego marchó a Tesalia con su sobrino, el también poeta y discípulo suyoBaquílides. Allí se relacionó con la aristocracia gobernante, los escopadas y los alendas. Después viajó a Cranón y Farsalia. Vuelto a Atenas cantó las hazañas de los griegos en la batalla de Maratón, con lo que se hizo muy popular. Terminó su vida en la corte del tirano de Siracusa Hierón I. Escribió para diversos mecenas en gran variedad de metros y géneros: epigramas (principalmente epicedios como el de los trescientos espartanos de Leónidas, e inscripciones votivas), elegías patrióticas y morales, peaneshiporquemas, y obras de lírica coral, como himnosodasepinicios,trenos y ditirambos, pero solamente una pequeña parte de su obra ha sobrevivido.
Sí se han conservado bastantes anécdotas sobre su tacañería así como la noticia, transmitida por Cicerón en su De oratore, de que fue uno de los fundadores de lamnemotecnia, en concreto de la técnica o sistema de la localización que permitía a un orador recordar larguísimos discursos compuestos previamente por un logógrafo, técnica que expone Quintiliano, en su famosa Institutio oratoria, y que consistía en visualizar o situar mentalmente en los distintos lugares de un templo conocido por el expositor las distintas partes del discurso trazando un itinerario según el orden requerido. Al parecer, en el año 500 adC estaba en un banquete cuando se ausentó brevemente, salvándose así de morir aplastado por el derrumbe del techo; y fue el único en poder reconocer los destrozados cuerpos de dichos comensales al recordar los lugares donde estaban sentados. También se suele recordar bastante en poéticasu afirmación de que “la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda”, lo que se considera origen del tópico horaciano de ut pictura poesis. También es el autor de una famosa definición de justicia, según la cual esta es “la obligación de dar a cada uno lo que se le debe”.

Tributo a la Lengua Griega


Busto del emperador Adriano
“Siempre agradeceré a Scauro que me hiciera estudiar el griego a temprana edad. Aun era un niño cuando por primera vez probé a escribir con el estilo* los caracteres de ese alfabeto desconocido; empezaba mi gran extrañamiento, mis grandes viajes y el sentimiento de una elección tan deliberada y tan involuntaria como el amor. Amé esa lengua por su flexibilidad de cuerpo bien adiestrado, su riqueza de vocabulario donde a cada palabra se siente el contacto directo y variado de las realidades, y porque casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego. Bien sé que hay otros idiomas, están petrificados, o aún les falta nacer. Los sacerdotes egipcios me mostraron sus antiguos símbolos, signos más que palabras, antiquísimos esfuerzos por clasificar el mundo y las cosas, habla sepulcral de una raza muerta.(..)
Nada igual la belleza de una inscripción votiva o funeraria latina; esas pocas palabras grabadas en la piedra resumen con majestad impersonal todo lo que el mundo necesita saber de nosotros. Yo he administrado el imperio en latín; mi epitafio será inscrito en latín sobre los muros de mi mausoleo a orillas del Tiber; pero he pensado y he vivido en griego.”

Publio Elio Adriano
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